sábado, 27 de mayo de 2017

Al fin y al cabo, socialistas

Ya se celebraron las primarias para la secretaría general del PSOE –en la que había que optar entre el pasado simple, el pretérito imperfecto y el pretérito indefinido- y ya sabemos que quien ganó fue el pretérito imperfecto. Sin embargo, en su día se produjo el debate entre los candidatos –lo que me permite, al comentarlo, traer a colación la metáfora anterior, que se me quedó pendiente al comentar los resultados de los comicios internos-, en la que además de navajazos y vaguedades los aspirantes hablaron de lo que de verdad le importa a los españoles, y no sólo a los mil y un tontos socialistas: me refiero, por supuesto, a los impuestos.
Y ahí no mostraron diferencia ninguna. Como buenos socialistas (lo de buenos, entiéndaseme, no hace referencia a su bondad intrínseca, sino a lo acendradamente socialistas que eran los tres), propugnaron aumentar la presión fiscal. Susana Díaz pidió la armonización fiscal y acabar con el dinero en metálico… pero armonizando al alza, no a la baja; Pedro Sánchez dispararía la recaudación en setenta mil millones de euros, que se dice pronto; y Francisco López admitió que es necesario auditar el gasto público para frenar el despilfarro… pero también defendió más impuestos.
Así pues, variaciones sobre un mismo tema. Nihil novo sub sole.
¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

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