lunes, 22 de mayo de 2017

Tenemos los políticos que hemos votado

La izquierda española siempre ha sido enemiga de la unidad de la Patria. O, por decirlo de otra manera, ha estado dispuesta a contemplar transacciones sobre la misma con tal de aprehender o retener el poder. Lo malo no es eso: está inserto en su código ideológico y no cabe esperar de ellos otra cosa, al igual que el escorpión no tenía más remedio que clavar su aguijón porque, al fin y al cabo estaba en su naturaleza. No, lo malo es que hay una parte de la derecha –una parte quizá mayoritaria entre la clase política- a la que esas cosas parecen no importar. Es esa parte a la que Federico Jiménez Losantos, muy gráficamente, denomina maricomplejines.
No es de extrañar, por lo tanto, que doña Rojelia haya consentido en alquilar un espacio municipal para que Cocomocho pueda presentar en la Villa y Corte el pacto por el butifarrendum secesionista. Como dice ella, al fin y al cabo va a pagar por ese alquiler (con dinero de todos los españoles, porque ya sabemos de dónde saca el gobierno regional catalán los fondos que tan alegremente dilapida), lo que lleva a pensar que, llegado el caso, no tendría inconveniente en alquilar ese mismo espacio a, por ejemplo, la Hermandad de Antiguos Combatientes de la División Azul (¿cómo? ¿Que no lo haría? ¿En serio? Vaya por Dios…).
Tampoco es de extrañar que el jefe de filas de la antigua juez defraudadora de la Seguridad Social y de Hacienda anunciara que asistiría a esa conferencia. Y, final y desgraciadamente, tampoco llama la atención que García Albiol –a priori, un defensor de la españolidad de Cataluña, es decir, de lo obvio- se mostrase dubitativo sobre si acudir o no.
Y es que España es un país de lo más previsible. Y sus políticos, más.
¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

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