lunes, 1 de mayo de 2017

Alemania, años treinta

Los partidarios del presidente turco se enfurecieron hace unas semanas cuando, con motivo de los comicios neerlandeses, el candidato de extrema derecha les comparó con los nazis. Sin embargo, los paralelos son, a mi parecer, más que evidentes.
En ambos casos de partía de una república parlamentaria tras una monarquía autocrática. Una democracia, imperfecta si se quiere, pero democracia al fin y al cabo. En ambos casos, un individuo con ansias de poder se encaramó a la jefatura del gobierno por medios absolutamente democráticos, a través de las urnas. En ambos casos, el mismo individuo accedió posteriormente a la jefatura del Estado. En ambos casos, el individuo de marras fue concentrando más y más poder, siguiendo siempre los mecanismos legalmente establecidos (al fin y al cabo, controlando los resortes por los que se elaboraban las leyes).
La única diferencia es que en apenas década y media, la República de Weimar había nacido y muerto, mientras que la Turquía de Mustafá Kemal ha necesitado de todo un siglo para perder sus rasgos de democracia. Bueno, eso y que Erdogan no ha acometido un genocidio. Al fin y al cabo, ya lo hicieron sus compatriotas haceun siglo

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

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