miércoles, 24 de mayo de 2017

No son de mi Iglesia

Hace ya bastante tiempo que en las dos regiones españolas en las que los partidos reginalistas son, abierta o encubiertamente, secesionistas, la jerarquía de la Iglesia católica dejó de ser etimológicamente tal (católico quiere decir universal) y pasó a ser aldeana, localista, ombliguista, cesaropapista y secesionista.
Ocurrió primero en Vascongadas, pues no en vano se dice que el grupo terrorista del hacha y la serpiente nació en las sacristías. El representante más eximio –es decir, el más vil y miserable- de ese clero abiertamente filoterrorista –por no decir proterrorista- sería el infame monseñor Setién, aquel que se atrevió a cuestionar ante los familiares de los asesinados por sus amigos que dónde decía que había que querer a todos los hijos (de Dios) por igual.
En cuanto a vileza y miserabilidad, las altas jerarquías de la iglesia en Cataluña no les andan a la zaga. No han apoyado (todavía) a los terroristas, pero sus mensajes sobre el tema se alejan de lo pastoral y entran directamente en el terreno de lo político. Y no, precisamente, respetando el ordenamiento vigente.
Toda esta introducción viene a cuento del último documento excretado sobre el tema por los antedichos purpurados que, abogando por la celebración del referéndum secesionista, no tienen escrúpulos en afirmar que conviene que sean escuchadas las legítimas aspiraciones del pueblo catalán, para que sea estimada y valorada su singularidad nacional.
¿También de ese pueblo catalán, no precisamente minoritario, que se siente español y desea seguir siéndolo?

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

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