Cuando la ciénaga de escándalos en la que chapotean es expuesta a la luz, los del partido de la mano y el capullo y sus adláteres siempre siguen la misma táctica.
Y digo bien: táctica. Quizá sea una
simplificación, pero de las explicaciones que un buen amigo, aficionado a la
Historia (y a la Historia militar), me dio, extraje la siguiente regla básica:
la táctica es cortoplacista, actuar en presencia del enemigo, improvisar; la
estrategia es prever lo que va a ocurrir, plantear la situación de manera que,
por así decirlo, la batalla esté ganada antes de disparar un tiro.
A lo que iba: impulsados por el cortoplacismo
del psicópata de la Moncloa, su ruta sigue ineluctablemente los mismos pasos (y
si esto es una estrategia, es bastante mala), uno detrás de otro: negar la
mayor, achacarlo todo a la máquina de fango de los bulos de los pseudomedios de
ultraderecha y, cuando la evidencia es abrumadora, empezar a admitir que sí,
que bueno, que puede que fuera cierto.
Es lo que ha ocurrido, por ejemplo, con el
rescate de Air Europa: Javier Hidalgo negó en la Audiencia Nacional
reuniones con José Luis Ábalos, pero hace dos semanas las admitió en el Tribunal Supremo.
O mentía antes, o miente ahora, o miente siempre. El caso es que miente.

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