Para los secesionistas de la barretina, todo gira alrededor de su ombligo.
No les basta con que el club fundado por un
suizo sea el que más jugadores aportaba a la selección española. Tampoco con
que el jugador que metió el gol que nos dio el campeonato sea valenciano -es decir,
de los inexistentes países catalanes- y juegue en el club mencionado.
No, los españoles no podemos alegrarnos. De hecho,
nadie puede, y si alguien pinta un mural festejando la efeméride, lo que
procede es vandalizarlo y hacer referencia a España en los términos en los que,
probablemente, cupiera definir a las progenitoras de semejantes gaznápiros.
Y mientras, los neocom critican que el jugador invierta el dinero ganado con el sudor de su frente (literalmente) en lo que buenamente le apetezca.

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