Al final va a resultar que todo, o casi todo, el mundo, tiene su precio. Si la cantidad es lo suficientemente elevada o, por generalizar, si se le hace una oferta imposible de rechazar, todos acaban cediendo en lo que consideran más sagrado.
Está, por ejemplo, el caso del Real Madrid,
que cuando juega en países musulmanes elimina la cruz que remata la corona que
figura en su escudo desde que Su Majestad el Rey don Alfonso XIII le concedió
el título de Real. Un detalle pequeño porque el significado religioso de
esa crucecita es más que remoto y puramente simbólico. Es como si Suiza, cuando
jugara en Arabia Saudí, eliminara de su bandera la cruz blanca… con lo que
parecería que lo hacía bajo la enseña de los epígonos del jeta vocacional.
Pero me desvío. A finales del mes pasado leí la noticia de que una futbolista había sido criticada por borrar las fotos con su mujer (es decir, que es lesbiana) tras fichar por un equipo saudí. Se ve que sus convicciones y su compromiso con la causa NoCHe han cedido ante el empuje de los petrodólares…

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