lunes, 30 de mayo de 2016

Nuevos políticos, política vieja

Los nuevos partidos (es decir, en el caso de España, neocom y naranjitos) se han presentado a sí mismos como algo original, distinto a lo que ya había. Sin embargo, tanto unos como otros están formados por personas, y estas personas provienen de algún sitio: lógicamente, de los partidos ya existentes, por lo que, a pesar de sus proclamas, adolecen de los mismos defectos que se dedican a criticar.
Esto resulta especialmente evidente (sí, vale, soy de derechas y, por lo tanto, lo de especialmente evidente puede tener un sesgo ideológico bastante descarado) en el caso del partido de extrema izquierda, que se proclamaba representante de la gente (no hay más que recordar una de las proclamas de los delinquidores que se dedicaron a ocupar las plazas públicas de los municipios en que gobernaban los populares; en concreto, aquella que decía no nos representan) y que, llegado el momento de la verdad, no miran más que por sus propios intereses.
Ocurrió así al comienzo de la legislatura más breve de la Historia de España, ya que, apenas llegados al Congreso, se pusieron hechos unas fieras hasta que consiguieron bajar del gallinero donde les habían relegado las demás fuerzas políticas; como si no se pudiera defender igual a la ciudadanía sea cual sea el escaño que se ocupe; y ha vuelto a ocurrir en los prolegómenos del pacto entre paleocom y neocom a principios de este mes, que se quedaron encalladas en un punto muerto precisamente por el tema del reparto de puestos en las listas. Además, el portabocas de los paleocom (ese que, so capa de aplicar la respiración asistida a su agonizante formación, puede que lo que haya hecho ha sido darle la puntilla) tuvo que criticar a su antiguo chófer por dedicarse (ya viene siendo una costumbre de Junior) a repartir ministerios a las puertas de cerrar el pacto.
Eso sí, no tuvo empacho en afirmar que la coalición será como mínimo segunda fuerza en las próximas elecciones generales. Quizá estuviera contando por la cola porque, de lo contrario, dudaría de la salud mental de los españoles en general, en lugar de hacerlo de la de los líderes comunistas en particular.
¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

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