viernes, 27 de mayo de 2016

Que nadie diga que no avisaron

En las últimas elecciones municipales y autonómicas se presentaron una serie de fuerzas que hicieron bandera de lo que llamaban cambio. Algunos, ingenuos, pensarían que lo que venían a cambiar era la política. Craso error: lo que pretendían cambiar eran los políticos. Es decir, que buscaban quitar a los que estaban para ponerse ellos, y seguir haciendo aquello que criticaban y que, al parecer, tanto molestaba a eso que los retroprogres llaman ciudadanía.
Y eso ocurre ya sean neocom, necionanistas o filoterroristas. Muchas entradas he dedicado en este blog a Madrid –quizá porque me pilla más cerca- y Cataluña –probablemente, porque no paran de salir en las noticias-, pero hoy toca hablar de otra comunidad autónoma, la única que, en propiedad, cabe llamar histórica: la comunidad foral por antonomasia, el antiguo reino, Navarra.
Por ese sistema tan español (¡y se atreven a decir que no lo son!) de todos contra el PP, en la comunidad y en la capital gobiernan los p-etarras. En cuanto a la presidente foral, parece difícil hacerlo peor. Dejando aparte las ofensas gratuitas al Jefe del Estado, de las que ya he escrito largo y tendido, ha cumplido las expectativas que cabe esperar de cualquier político de izquierdas: aumento de los impuestos –sin que se logre recaudar lo previsto… se ve que hoy en día nadie lee a Laffer-, aumento del paro y fuga de empresas. Y mientras, en el mejor ejemplo de fomento de los vínculos familiares, la señora (¿o señorita?) Barcos adjudica un proyecto del treinta mil euros al estudio de su hermano.
En el ayuntamiento, mientras tanto, los neocom navarros demuestran ser tan castizos (que no castos) como en la comunidad y en el resto de España: una concejal neocom, encargada del área de cualquiera menos los heterosexuales (así acabamos antes, porque lo que comenzó siendo llamado genéricamente colectivo homosexual lleva camino de ser una ristra de letras más larga que un abecedario completo) contrató a la asociación de su hermana (de nuevo el fomento de la familia) por importe de ciento treinta mil euros (eso también tan español de si tú taza, yo taza y media). Eso sí, la excusa no tiene precio: se debió a un lapsus. Lo que no me queda claro es si no se dio cuenta de que en la asociación estaba su hermana o, directamente, no se percató de que su hermana fuera su hermana. Claro, debe estar tan absorbida por el trabajo que ya no sabe ni quiénes son su familia…
Pues eso, para las próximas elecciones generales, los que les voten ya saben que lo que cambian son los políticos, no la política.
¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!




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