jueves, 13 de agosto de 2020

Proceso al proceso (57)

Si algo se puede decir de los golpistas catalanes -rasgo que, para variar, comparten con neocom, terroristas, suciolistos y demás patulea antiespañola-, es que no pierden la ocasión de quedar en ridículo. Aunque, a veces, uno tiene  la doble satisfacción de que quien lo pone de manifiesto es uno de su misma cuadrilla.
Tras la suspensión provisional del tercer grado, el exconsejero José Rull se ha quejado de que pasa veintiún horas al día (pocas me parecen a mí) en su celda. En su habitual tono pomposo y melopatético (habitual cuando hablan de España, claro), ha declarado en Twitter:
Una Fiscalía sedienta de venganza y una juez que ignora el Derecho hacen que lleve 9 días confinado 21 horas diarias en la celda. A pesar de la dureza de estas condiciones, es increíble la capacidad que tenemos las personas de resistir: las convicciones y la familia, mis baluartes.
Como he dicho, la respuesta proviene de uno que profesa ideas parecidas. Y se la ha dado en la misma red social, con lo que el zasca se debe de haber oído hasta en Timbuctú. Ha sido Carlos Sastre (apellido catalán donde los haya, oye), fundador y exdirigente de la banda terrorista Tierra Libre (ya sé que no se llamaba así, pero ya sabéis que traduzco siempre que puedo), y condenado por el asesinato del empresario José Maria Bultó. Sastre, que ahora dirige el sindicato separatista mayoritario entre el funcionariado de la Generalidad, y lo ha hecho en sólo dieciséis palabras:
Las prisiones en Cataluña dependen de la Generalidad. Alguna cosa se me escapa. ¿Cuarentena covid?
La explicación a las condiciones de Rull es que todos los reclusos que vienen de la calle deben pasar una cuarentena para no provocar un brote en la prisión. Sin embargo, ya teníamos indicios de los limitados alcances intelectuales del quejica: fue el único consejero que se creyó a Cocomocho cuando, poco antes de huir de España en el maletero de un coche, se despidió de sus colaboradores instándoles a presentarse en sus despachos el Lunes siguiente. Así lo hizo Pepito, y tuvo que ser amablemente desalojado por un policía regional.
¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

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