lunes, 14 de septiembre de 2020

Aquí vamos a acabar a h...

Cuando un país no respeta aquello que le simboliza -la bandera, el himno, la jefatura del Estado-, es que ha emprendido el camino hacia el desastre.
En Estados Unidos, por ejemplo, siempre se ha guardado el mayor respeto al himno y a la bandera. Muchas casas, desde hace mucho tiempo, han tenido una colgada frente a su puerta. Y cuando suena The Star-spangled banner, en una inmensa mayoría se ponen en pie y guardan silencio mientras se llevan la mano derecha al corazón. Sólo recientemente, y por grupos que no vacilo en calificar de antisistema porque se nota de qué pie cojean (el izquierdo, por si hiciera falta aclararlo), he visto que se quemaran banderas de Estados Unidos.
Lo mismo -me refiero al respeto, claro, no a la falta del mismo- pasa en lo que se da en llamar países de nuestro entorno, ya sean el Reino Unido, Francia, Alemania, Portugal, Italia o las monarquías escandinavas. En todas partes, menos en España, se respetan la bandera y el himno.
Aquí no: la izquierda y los secesionistas han machacado tanto en identificar la Marcha Real y la bandera rojigualda con el franquismo -aunque tanto una como otra tengan casi un cuarto de milenio de antigüedad- que se silba la primera y se quema la segunda, y no pasa nada. Ahora, parece, se ha clavado un nuevo clavo en el ataúd de esta nación milenaria: ¿cómo interpretar, si no, que la Federación Española (¡española, por amor de Dios!) de boxeo respalde que el himno nacional (el español… ¿les suena?) sea opcional en los campeonatos de España?
Y no ha sido por descuido, no: el presidente de la Federación rechazó someter a votación la petición de que tanto la bandera como el himno sean obligatorios en las competiciones españolas porque obligar a que un supervisor esté pendiente de que se respete el protocolo es mandarlo al paredón. En aquella misma asamblea, el presidente de la Federación vascongada -que responde al muy vascongado nombre de Juan Luis Torralba- intervino para aplaudir los cambios y aseguró que exigir estos símbolos es una cosa atrasada porque vivimos en otra época, en otra situación".
¿Cómo le sentaría a este caballero (en la acepción de Groucho Marx) que alguien se cagara en la bandera vasca o que dijera que el Himno de la Etnia Vasca le produce arcadas? Por preguntar, nada más…
¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

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