domingo, 13 de septiembre de 2020

Los rojos, a la trena o a la calle

Con la probable excepción de Julio Anguita y Marcelino Camacho, el único comunista decente es el que no ha tocado poder. Porque, una vez lo tocan, los comunistas se comportan en esto como el común de los mortales: como señaló Lord Acton, el poder tiende a corromper. Y dado que los comunistas no son seres angélicos, espíritus puros, almas del paraíso -ni siquiera del paraíso del proletariado-, cuando tocan poder se corrompen.
Los neocom españoles proclamaban que no eran como los políticos -la casta- a la que aspiraban a derribar -tomar el cielo por asalto, decían-, sino que ellos trabajaban por la gente. Algunos nunca les creímos, por lo que la noticia de que el Tribunal de Cuentas ha encontrado delito en las cuentas de Podemos y pide que se investiguen por la vía penal no nos ha sorprendido en lo más mínimo.
Otros, en cambio, seguirán empeñados en defender lo indefendible.
¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

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