Los feministas de salón (y, como uno está chapado a la antigua, aquí incluyo tanto a hombres como a mujeres, porque estoy usando el masculino plural genérico) defienden la igualdad… pero en ciertos casos.
Piden que las jugadoras de fútbol cobren las
mismas cantidades que los jugadores de fútbol, a pesar de que atraen
infinitamente a menos público y, por lo tanto, generan bastantes menos
resultados económicos (que, al fin y al cabo, es por lo que se paga a los
futbolistas, por generar dinero).
En cambio, cierran la boca cuando las modelos
de moda ganan cantidades bastante superiores a las de sus equivalentes masculinos.
Y aúllan como hienas cuando un entrenador de baloncesto (un entrenador varón,
claro está) abronca a sus jugadoras durante un partido por no jugar con la
intensidad requerida.
Como dijo el técnico en la rueda de prensa posterior al partido, quieren igualdad… pero sólo para lo bueno.

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