Como he dicho muchas veces, nada de lo que haga el partido de la mano y el capullo en la actualidad supone una novedad, puesto que ya lo han hecho antes. La única novedad es el descaro con el que lo hacen.
Tomemos el caso de esa magistrada del
Tribunal Constitucional con aspecto de cacatúa desmoñada. El que fuera fiscal
particular del desgobierno socialcomunista que tenemos la desgracia de padecer ha
presentado recurso ante la corte de garantías contra la sentencia del Supremo
que le condenó. El reparto ha asignado la ponencia a la psitácida pelirrubia,
de conocida adscripción izquierdista.
Hasta aquí, nada reseñable. Lo que sí es reseñable es que le deseó mucho ánimo en la toma de posesión de su sucesora, lo que arroja, junto al sesgo ideológico, un más que sospechoso tufo de falta de imparcialidad.

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