La degeneración de la educación superior en España es algo palpable. No hay más que mirar al desgobierno socialcomunista que tenemos la desgracia de padecer y a sus mamporreros, pasados o presentes, en las distintas instituciones del Estado.
En efecto, hay licenciados a cascoporro,
doctores en abundancia y hasta miembros de prestigiosos y prestigiados cuerpos
especializados en los que no se entra precisamente por recomendación.
Y, a pesar de todo, no paran de meter la
pata. Tan pronto una doctora en Derecho Constitucional afirma en sede
parlamentaria que la Constitución Española no establece la igualdad entre
hombres y mujeres como un (es) fiscal particular del psicópata pide al Tribunal
Prostitucional que anule su condena porque quiso desmentir informaciones
confusas.
Es tan estúpido que no acaba de asumir que no le correspondía desmentir nada, porque estaba obligado a guardar secreto, y no lo hizo. Y por eso se le condenó.

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