Uno de los rasgos comunes de la izquierda es que hacen, de la excepción, categoría. O, por decirlo de otra manera, que toman la parte -ellos mismos- por el todo (la sociedad a la que pertenecen).
Por ejemplo, los terroristas del hacha y la
serpiente, de la boina y la máscara, se consideran -como los epígonos del orate
racista- los representantes de todos los vascos, (incluso de los que no se
consideran a sí mismos vascos aunque los terroristas sí (no hay manera fácil de
escribir esto, pero creo que se me entiende).
Por eso, cuando en Ceuta se anunció la
llegada de una oenegé navarra radical (radical de izquierdas, es decir
tanto como comprensiva con los terroristas) y se produjeron incidentes de rechazo a la misma, el Gordo Otegui denunció una caza al
vasco.
Pues no. No se les caza, se les echa. Y no a los vascos, sino a los terroristas.

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