jueves, 23 de septiembre de 2021

La mente sucia

Vaya por delante que considero el tema de los acosos sexuales a mujeres un tema muy serio, digno de todo respeto y consideración. Lo cual no quita para que resulte que la mayor parte de esos presuntos acosos -los que se denuncian y tienen repercusión mediática, quiero decir- se produjeran hace la torta de tiempo y salgan ahora a la luz, cuando parece que no eres nadie si no te han acosado. Es más, muchas de las presuntas acosadas resultan, efectivamente, no ser nadie.

También se puede argumentar que no llegaron a nada precisamente porque se resistieron al acoso; y que las que sí triunfaron callan porque, llegado el caso de declarar algún tipo de acoso, el comentario resultante puede ser del tipo de ponderar si se encuentran donde se encuentran por su talento, trabajo y esfuerzo… o porque cedieron al acoso.

En fin, que me estoy desviando del tema y metiéndome en camisa de once varas (suponiendo que este blog lo leyera alguien que montara una campaña contra mí por mis opiniones). La noticia que dio origen a todo esto es que resulta que el niño que aparece en la portada de Nevermind, el álbum del grupo Nirvana, ha demandado a los músicos por pornografía infantil.

Dejando aparte lo ridículo de la demanda, en mi opinión, si la misma prosperara es casi seguro que asistiríamos a un festival del iconoclasia como no se ha visto desde hace mil años. Del Manneken Pis a cientos y cientos de angelotes representados en pinturas y retablos, la lista es interminable.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

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