martes, 7 de septiembre de 2021

Proceso al proceso (272)

Si algo se cargó el segundo intento de implantar una república en España -dejando a un lado su proclamación ilegal e ilegítima, el hecho de que su Constitución fuera elaborada en contra de (al menos) media España, y algunas otras minucias por el estilo- fue que las izquierdas y los separatismos -por aquel entonces, como ahora, los ierreceos y los epígonos del orate oligofrénico con boina- estaban únicamente interesados en detentar el poder (vamos, más o menos como ahora).

En aras de ese objetivo, se toleraban (vamos, más o menos como ahora), se ayudaban (vamos, más o menos como ahora) y compadreaban (vamos, más o menos como ahora). Y si los catalanes proclamaban unilateralmente la independencia (vamos, más o menos como ahora), y eran juzgados y condenados (vamos, más o menos como ahora), cuando las izquierdas tenían ocasión les indultaban (vamos, más o menos como ahora) para que pudieran volver a las andadas (vamos, más o menos como ahora).

Más de ocho décadas después, las cosas no han variado un ápice. Los más antidemócratas y totalitarios de los españoles se permiten expedir carnés de democracia a los demás, a los que acusan de cometer sus propios crímenes. Y encuentran para ello a tontos útiles, que dicen lo que ellos quieren que digan. Y si un parlamentario de apellido descriptivo utiliza a una youtuber  de apodo igualmente descriptivo para instigar al asesinato (con una pobreza léxica que producía sonrojo ajeno) contra aquellos que les cantan las vergüenzas día sí y día también, las izquierdas no dicen nada.

Las derechas, o parte de ellas, se defienden. No a tiros, como en la república liberticida, sino en los tribunales. La sedicente pringada va entonces y recula, diciendo que le perdieron las formas, que hablaba de forma metafórica.

Muchacha, perdiste las formas, la vergüenza, el sentido común, la línea y la autoestima hace mucho. Y mientras que los seres humanos descendimos del árbol para caminar bípedamente, tú te caíste de la rama y te golpeaste (pero fuerte, además), en el colodrillo.

Metafóricamente hablando, claro… o no.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

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