domingo, 17 de marzo de 2024

Un sinvergüenza con vergüenza

Los comunistas de antes -alguno, no todos: el genocida de Paracuellos y Pasionaria fueron un par de impresentables toda su vida- tenían una cierta dignidad, no necesariamente unida a una altura intelectual. Julio Anguita, por ejemplo, entiendo que se encontraba, en este último plano, varios niveles por encima de Cayo Lara, por poner otro ejemplo; pero, en cuanto a honradez personal, quiero pensar que ambos iban parejos (a buena altura, quiero decir).

Los comunistas actuales -me refiero a los relativamente jóvenes- son en cambio, una panda de impresentables, ya sean paleocom, neocom, neoneocom o cocuqistas. Son una panda de déspotas iletrados, por mucha titulación universitaria que amontonen. Para lo único que les sirve, en realidad, es para decir las tonterías de siempre con palabras más grandielocuentes.

Dentro de esta nutrida caterva se encuentran los Garzón, economistas a la sazón, por más que economía -sabia administración de los recursos escasos- y comunismo se den de patadas. Mientras uno defiende que el déficit público se soluciona dándole a la máquina de imprimir billetes -se ve que durante la carrera se saltó la clase donde explicaban la inflación-, el otro afirma tan pancho que una persona de izquierdas está genéticamente incapacitada para delinquir.

Sin oficio ni beneficio conocido fuera de la política, éste último había encontrado un puestecito a su medida en la empresa conseguidora de Pepiño. Pero el aluvión de críticas fue tal, especialmente desde los de su propio bando (ecosistema, lo llaman) que tuvo que renunciar, pobriño, a incorporarse al trabajo -es un decir, puesto que no ha dado un palo al agua en su vida, que se sepa- que tan diseñado para él habían creado.

Lo mejor es la frase con la que pretendía explicarlo todo:

Tras la incomprensión suscitada en el espacio político, y con la intención expresa de no dañar a las organizaciones a las que tanto tiempo y energía he dedicado de mi vida, anuncio mi renuncia a incorporarme como tenía previsto.

Energía, dice. Pero si las tonterías le salían sin esfuerzo…

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

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