martes, 6 de agosto de 2019

Cordón sanitario

Aquellos a los que no se les cae de la boca la palabra democracia –me refiero, en esta ocasión, a los golpistas catalanes- son, en realidad, los menos demócratas de todos.
Ya en tiempos del Rodrigato impusieron el llamado cordón sanitario contra el Partido Popular que cristalizaría en el llamado pacto del Tinell. Un dirigente que se proclamaba representante de todos los catalanes no tuvo ningún escrúpulo en firmar ante notario que jamás pactaría con la formación de la gaviota (o el charrán, o el ave que sea). Y el resto del espectro político –iba a poner a la izquierda del PP, pero los antiguos convergentes eran, en muchos aspectos, más de derechas que los populares- secundó esa iniciativa sin que se les cayeran los anillos de la vergüenza.
Ahora, esos mismos antidemócratas –eso que dicen que la esencia de la democracia reside en el votar (de ser así, el franquismo habría sido muy democrático, pues regularmente se convocaban referendos), cuando en realidad en lo que reside es en el respeto a la discrepancia ideológica- han impulsado otro cordón sanitario contra Vox, aprobando en la asamblea legislativa regional una resolución que rechaza pactos con la formación de derechas. Los únicos que votaron en contra fueron los populares, mientras que los pomelos se abstuvieron.
A los que habría que marginar no sería a los rodeados por ese cordón, sino precisamente a los que lo proponen, propugnan y apoyan, siquiera por omisión o dejadez.
Es triste que en España se margine a una formación política que, aunque pueda estar en contra de algunas normas –las leyes NoCHe, de violencia machista o de desmemoria histérica-, nunca haya propugnado medios no democráticos para cambiar o derogar esas normas; mientras, se entrevista en la televisión pública estatal a miembros de formaciones políticas tuteladas por bandas de asesinos –asesinos los mismos entrevistados- que pretenden volar el entramado constitucional saltándose la Ley a la torera.
Claro, que el fundador del partido de la mano y el capullo ya dijo, en sede parlamentaria, que se saltarían la legalidad cuando les conviniera. Y en esas siguen.
¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

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