De entre las características o rasgos definitorios de la institución del Consejo de Ministros español, hoy quiero resaltar dos: su carácter colegiado y el secreto de sus deliberaciones.
La segunda es una característica tan
importante que, en la toma de posesión, los futuros ministros prometen por su
conciencia y honor (suponiendo que tengan alguna de las dos cosas) o juran (cada
vez menos) mantener el secreto de las deliberaciones del gabinete. Claro, que
luego siempre hay algún ignaro, por mucho título de doctora en Derecho que
tenga, que se va de la lengua y revela lo que se opinó o dejó de opinar en relación
con tal o cual excrecencia legislativa.
La primera quiere decir que, cualquiera que
sea el departamento ministerial -es decir, el ministro- que proponga una
determinada decisión, una vez adoptada todos los miembros, empezando por el
presidente, son responsables de la misma (lo cual debería, en caso de comisión
de delitos, llevarlos a todos directos al banquillo de los acusados, del
primero a la última).
Esto no quiere decir que, dependiendo de quién
tomara la iniciativa o la decisión, un determinado miembro tenga una mayor carga
de responsabilidad, siquiera moral o política, en la misma. Y aunque fuera Petisú
quien refrendara personalmente los rescates de Air Europa y Plus
Ultra a través de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales, son
culpables tanto el psicópata de la Moncloa como sus dos docenas de corifeos.
Sean del partido de la mano y el capullo o de la agrupación de los que no saben hacer la o con un canuto por mucho que lo intenten.
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