Si en la primera entrada del día hablaba de las relaciones entre los dos partidos de la derecha, en esta toca hablar de las que hay, o debe haber, entre los partidos mayoritarios de cada rama del espectro político: es decir, la mano y el capullo contra el charrán.
Y si decía que la izquierda ha solido
recurrir a artimañas presuntamente maquiavélicas, a la derecha sólo le queda
dar la batalla y, parafraseando a Churchill, luchar en las playas, en todos los
aeródromos, en los campos y en las calles, en las colinas y, sobre todo, no
rendirse jamás. Entre otras cosas, porque esto es lo que pedimos sus votantes.
Y esta es la actitud de la bestia negra del psicópata,
es decir, la presidente de la comunidad autónoma de Madrid. Ante un sistema de financiación autonómico que no es sino un alquiler (temporal, como siempre…
¿qué harán cuando ya no quede nada que entregar?) del apoyo de los secesionistas
catalanes, la comunidad de Madrid se ha puesto a estudiar todos los recursos legales contra semejante latrocinio.
Y mientras, los jotaporcatos (molestos
porque el bleferóptico les ha tomado la delantera) consideran que Cataluña
sigue en el régimen del café para todos (que, de ser cierto, es lo que
debería ser), al tiempo que el filósofo perico se ufana de que el sistema responde a la singularidad
política, nacional y cultural de Cataluña (cuando yo digo que los de la mano
y el capullo son parte del problema, no de la solución, no ando desencaminado).
Petisú Montero, la vendeburras de este bodrio, dice que buscan la redistribución de la riqueza. Como Robin Hood, pero al revés: se lo quitan a los pobres para dárselo a los ricos.

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