Como ya he dicho unas cuantas veces, cuando los dogmas de un marxista chocan con la realidad -y esto es algo que sucede bastante a menudo, porque el socialismo científico es cualquier cosa menos científico, salvo que consideremos como ciencias la homeopatía o la parapsicología-, el epígono del jeta vocacional afirmará tajante que es la realidad la que está equivocada. Pero la realidad es tozuda, y acaba imponiéndose.
Hace unos meses, en un gesto populista -el psicópata de la Moncloa carece
de convicciones ideológicas de ninguna clase-, el desgobierno socialcomunista
que tenemos la desgracia de padecer decretó un embargo a la tecnología
militar israelí. Una especie de que se fastidie mi capitán, que yo no como
rancho, porque con semejante postura éramos nosotros, y no los israelíes,
los que salíamos perjudicados.
Pero apenas dos meses después, el consejo de ninistros tuvo que envainársela
y permitir a Airbus saltarse el embargo en relación con cuatro aeronaves militares. Para ello, se ampararon en una disposición adicional que permite
levantar el embargo en situaciones excepcionales.
Pero, con esta gente, la excepción es la norma.

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