Dice el refrán español que obras son amores, y no buenas razones. Sin embargo, hay veces en que las palabras dicen mucho más que su significado literal y, desde luego, que cualquier acción que pueda realizarse.
Es el caso de la nueva fiscal general del
Estado -veremos si no hay dos sin tres y se resulta también ser fiscal
particular del desgobierno socialcomunista que tenemos la desgracia de
padecer-, que se estrenó manifestando en su toma de posesión, su respeto,
admiración y cariño a su ya condenado predecesor.
Respeto y hasta cariño, vale. Admiración… como que no.

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