Los seguidores del jeta vocacional siempre han sido unos grandes vendedores de humo. Críticos de las religiones tradicionales, que prometían el paraíso en el otro mundo, aseguraban ser capaces de alcanzarlo en éste.
Naturalmente, fracasaron vez tras vez,
fracasan y fracasarán. También naturalmente, echarán la culpa a cualquier cosa,
persona o circunstancia, salvo reconocer su error, porque es un error de base y
eso sería admitir la falacia de partida de todo el sistema.
En esto, como en tantas otras cosas, el
desgobierno socialista que tenemos la desgracia de padecer no supone novedad
alguna. Ya hace cuarenta años que el partido de la mano y el capullo prometió
ochocientos mil puestos de trabajo en cuatro años, y se quedaron, de acuerdo
con el chiste, en ochocientos o mil.
Desde entonces, nada ha cambiado. Vez tras
vez, el psicópata de la Moncloa ha prometido la construcción de viviendas
públicas, en tal número que, de haberse llevado a cabo, no habría -permítaseme la
hipérbole o, como nos la definieron en el colegio, la exageración desmesurada-
tierra emergida suficiente para tanta casa.
Y la víspera de Nochebuena, el consejo de ninistros
aprobó el llamado abono único sin contar todavía con las comunidades
autónomas. Teniendo en cuenta que la mayoría están gobernadas por el Partido
Popular, es poco probable que logren el acuerdo.
Que es probablemente lo que pretenden estos doctores en división y enfrentamiento.

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