Con todo el cariño del mundo, yo solía decir de mi madre que cuando su opinión y la realidad chocaban, en opinión de mi madre era la realidad la que estaba equivocado.
Con mucho menos cariño, esto es lo que ocurre
con los marxistas. Nació como una teoría alejada de la realidad, y en los casi
doscientos años transcurridos no han mejorado ni un ápice. Ya fueran las teorías
económicas de Lenin, las agrícolas de Lysenko o las políticas de Castro, la
realidad es tozuda y no se deja vencer por postulados, por muy científicos
que sean.
En esto, los seguidores del pastor pedófilo
son como los del vago diletante: sus afirmaciones van a misa (o a la mezquita),
y a la realidad que le den. Y si la Real Academia Española de la Lengua incluye
el término mena en su diccionario, tanto el desgobierno socialcomunista que
tenemos la desgracia de padecer como una sedicente Asociación Marroquí para
la Integración de los Inmigrantes se molestan con la docta casa, aunque
admiten que la misma sólo recoge lo que se dice en la calle, pero señalando que
hay que cambiar lo que se dice en la sociedad.
A lo mejor, quienes deberían cambiar son, precisamente, los menas. O no venir, directamente.

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