Me repito más que el ajo, pero es que, como dijo el jeta vocacional, la Historia acostumbra a repetirse, primero como drama y luego como farsa.
Y una de esas repeticiones recurrentes, valga
el pleonasmo, es el de los revolucionarios de salón, que azuzan a la chusma
para que haga caer a la clase dominante, con el objeto de colocarse ellos -los
revolucionarios, no la chusma- en los puestos dirigentes.
Sistemáticamente, las cosas se salen de madre
y la chusma acaba llevándose por delante a aquellos que les azuzaron, antes de
que llegue alguien que, con mano dura, vuelva a una cierta estabilidad…
probablemente bajo su mano dura.
Sucedió con la Revolución Francesa y los sans-culottes,
la Revolución Rusa y los bolcheviques, la guerra de Afganistán contra los
soviéticos y los talibán… son tantos los ejemplos que no logro acordarme de
todos.
Y ha vuelto a suceder en Catetonia,
donde los jotaporcatos excitaron las ansias separatistas y supremacistas
de lo peor del secesionismo con barretina, y ahora se encuentran con que los nacionalcatalanes
les adelantan en intención de voto en las elecciones municipales de Barcelona.
Y sí, el palabro definitorio está elegido con toda la (mala) intención del mundo.

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