El desgobierno socialcomunista que tenemos la desgracia de padecer se caracteriza por dos rasgos fundamentales: lo irracional de la mayoría de sus medidas y su rapiña recaudatoria.
Tomemos el caso de las balizas que desde comienzo
de año son obligatorias. Para empezar, sus creadores las idearon como una
solución para un determinado colectivo, no demasiado grande, ahora no recuerdo
cuál: la Dirección General de Tráfico -a cuyo frente, sorprendentemente, no
está un inútil total: la Pera Navarra (aunque sea catalán)- ha decidido
hacerlas obligatorias. Además, en condiciones normales se ven poco, mientras
que los hasta ahora obligatorios triángulos se ven desde más lejos y permiten
un mayor tiempo de reacción a los demás conductores. Finalmente, se supone que la
baliza permite geolocalizar el vehículo (suponiendo que esté encendida, claro
está), algo que ya hacen prácticamente todos los teléfonos móviles (y muchos de
los coches vendidos en los últimos años).
O sea, que dos semanas antes de Nochevieja la DGT señaló que no estaba prohibido el triángulo tras la llegada de la baliza -con un allá tú en la línea de si necesitan ayuda que la pidan, yo estoy bien o son las cinco y aún no he comido-… pero manteniendo la obligatoriedad de la lucecita de marras.

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