martes, 13 de enero de 2026

Reflexiones atemporales CCXCIV- Popes rojos

Mientras que la izquierda se cree siempre en posesión de la verdad, la derecha sabe que tiene razón. Probablemente por eso, la derecha suele callar -lo cual constituye un error, porque la izquierda asume el silencio como aceptación-, mientras que la izquierda acostumbra a pontificar, generalmente en voz muy alta.

Realmente, esta reflexión podría terminarse aquí mismo, porque cualquier cosa que siga será abundar sobre la materia. Conozco pluralidad de casos, tanto en los políticos como entre mis conocidos, que ilustran lo que he señalado en el primer párrafo.

Los políticos de izquierdas son bastante gritones, tanto ellos como ellas. Si a eso le sumamos que su formación académica ha sido generalmente mejorable -no les estoy llamando estúpidos, sino vagos-, su discurso resulta difícilmente inteligible y de imposible digestión.

Los sujetos de a pie que son de izquierdas no razonan, sino que se limitan a soltarte dogmas uno detrás de otro como si fueran una ametralladora. Lo más divertido, en realidad, es cuando intentan fundamentar sus afirmaciones, porque esos fundamentos resultan ridículos, cambiantes y, en general, circulares, en el sentido de que acaban volviendo a decir aquello que rechazaron.

Y si les llevas la contraria te llaman facha, retrógrado, machista, cavernario y todas esas lindezas que, en labios de un progre, constituyen el más alto galardón al que podemos aspirar aquellos que nos declaramos de derechas.

Porque, aunque no se den cuenta y nunca vayan a admitirlo, nos están dando la razón.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

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