viernes, 2 de enero de 2026

La eterna duda

Mientras gobernó España, mi gran duda en relación con el zircunflejo era si las cosas que hacía era por estupidez o por maldad. Es decir, nunca tuve claro si era más malo que tonto, o al revés.

Hoy, década y media después de que abandonara el poder, lo tengo claro. Sin considerarle un sujeto especialmente brillante, estoy convencido de que es malo. No llega al nivel de psicopatía que alcanza el actual presidente del desgobierno socialcomunista que tenemos la desgracia de padecer, pero por ahí le anda y, desde luego, es alguien completamente ayuno de escrúpulos.

Sólo alguien malo reabriría las heridas de la guerra civil, cerradas por la buena voluntad de unos y de otros (más de unos que de otros) treinta años antes. Sólo alguien malo se aliaría con todos los enemigos internos de la Patria, de los terroristas de ultraizquierda a los secesionistas de ultraderecha. Sólo alguien malo diría que el concepto de nación es algo discutido y discutible. Sólo alguien malo nos alienaría de nuestros aliados naturales para irse a reírle las gracias a quienes son enemigos de la civilización en general y de la occidental en particular.

Sólo alguien (presuntamente) malo se vería arrinconado por la Unidad Central Operativa, la administración norteamericana y las informaciones periodísticas. Sólo alguien malo (y bastante tonto) se reuniría -sin ser nada más que un jarrón chino- con la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales y Escrivá  durante el rescate de Plus Ultra… a propósito de lo cuál, ¿qué carajo pintaba en semejante reunión el ministro de Seguridad Social, Inclusión y Migraciones?

Y sólo alguien malo -y rematadamente tonto, porque sólo a un tonto se le ocurre que semejante trola va a colar- se le ocurriría tildar de calumnioso el chivatazo sobre sus actividades y reducir su cita secreta a una rutina de amigos.

De compinches, diría yo.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

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