El vascuence -ese idioma que algunos llaman eusquera- es, supuestamente, una lengua de origen desconocido y sin parientes rastreables.
Es, además, una lengua pujante, que no deja de crear incansablemente vocablos nuevos, de aeroportua a presoak, pasando por diputazio (aunque las malas lenguas dicen que, etimológicamente, la primera y la tercera deberían haber sido haizekaia y diputapena).
También -quizá por ser un idioma de
laboratorio creado a partir de siete variedades regionales- dicen que es un
idioma difícil de entender. Esto puede ser así en ocasiones; en otras, a los
vascos se les entiende con gran facilidad.
Tomemos el siguiente titular: El PNV da un ultimátum a Sánchez: “la cosa es grave, no nos quedaremos de brazos cruzados”.
Quizá un poco largo, pero esas diez palabras se pueden reducir a la mitad,
aunque la versión original se entiende perfectamente.
O pagas, o nos vamos.

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