Los defensores de las energías llamadas renovables sostienen que resultan menos contaminantes que las tradicionales. Como casi todo lo que tiene que ver con el cambio climático, es falso o, cuando menos, inexacto.
Porque los coches eléctricos funcionan con
baterías, baterías que hay que elaborar y que, cuando termina su vida útil, hay
que reciclar. La energía solar necesita paneles solares (evidente), que deben
ser instalados y que, dada la (relativa) pobre eficiencia de los mismos ocupan
grandes superficies. Los generadores eólicos, además de destrozar el paisaje,
suponen un peligro para las aves (sí, yo tampoco entiendo cómo son capaces de
no ver semejante molinillo, pero los hechos son los que son).
Y, además de todo esto, dado que estas fuentes de energía son, todavía, ineficientes y deficitarias, se puede concluir que no existe electricidad verde barata.

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