El secesionismo catalán es tan cainita que no se soportan unos a otros. Lo único que evita que se despellejen entre sí es que odian a España más de lo que se odian recíprocamente.
Y así, el bleferóptico con sobrepeso,
preparando la reunión que iba a tener con el psicópata de la Moncloa sobre el
pago de la coima pactada, desautorizó a sus subordinados, el del apellido
descriptivo y el del bigote poblado.
Será que temía que le movieran la silla…
¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

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