jueves, 8 de enero de 2026

La mierda acaba aflorando

Por acreditado que parezca el perfil profesional de una persona, hay que ponerlo en cuarentena si entra en política. Si permanece en política ya hay que tirarlo directamente a la basura, porque lo que persigue es medrar.

Manuel Pizarro, por ejemplo, tenía un prestigio dentro de la empresa privada, como presidente de Endesa que, además, supo resistir las presiones del partido de la mano y el capullo a la sazón en el Gobierno. Quizá por eso fue escogido por el Partido Popular para pilotar su política económica, y se enfrentó en debate electoral al temporalmente bleferóptico y permanentemente embustero Pedro Solbes. Pasado aquel episodio, volvió a su vida privada y su prestigio permanece incólume.

Pedro Solbes, por el contrario, es un caso raro: la cagó como ministro de Economía con González, marchó a Europa y allí ganó prestigio como miembro de la Comisión Europea… sólo para perderlo al volver a España y, además de las mentiras del párrafo pasado, volver a cagarla de manera miserable.

En este segundo grupo cae también el actual gobernador (habría que decir mamporrero del psicópata, pero eso es poco descriptivo, porque el primer ministro del desgobierno socialcomunista que tenemos la desgracia de padecer ha ido salpicando de mamporreros toda la Administración y parte del extranjero) del Banco de España. De presidente de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal, crítico con el gobierno, pasó a miembro del mismo (y vendeburras compulsivo, parece que nadie puede resistirse a ese papel) y ahora, como digo, a la institución con sede en la Plaza de Cibeles.

Y allí despliega consignas, sueldazos y enchufismo de tal manera que los trabajadores del banco central español están asustados.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

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