Por acreditado que parezca el perfil profesional de una persona, hay que ponerlo en cuarentena si entra en política. Si permanece en política ya hay que tirarlo directamente a la basura, porque lo que persigue es medrar.
Manuel Pizarro, por ejemplo, tenía un
prestigio dentro de la empresa privada, como presidente de Endesa que, además,
supo resistir las presiones del partido de la mano y el capullo a la sazón en
el Gobierno. Quizá por eso fue escogido por el Partido Popular para pilotar su
política económica, y se enfrentó en debate electoral al temporalmente
bleferóptico y permanentemente embustero Pedro Solbes. Pasado aquel episodio,
volvió a su vida privada y su prestigio permanece incólume.
Pedro Solbes, por el contrario, es un caso
raro: la cagó como ministro de Economía con González, marchó a Europa y allí
ganó prestigio como miembro de la Comisión Europea… sólo para perderlo al
volver a España y, además de las mentiras del párrafo pasado, volver a cagarla
de manera miserable.
En este segundo grupo cae también el actual
gobernador (habría que decir mamporrero del psicópata, pero eso es poco
descriptivo, porque el primer ministro del desgobierno socialcomunista que
tenemos la desgracia de padecer ha ido salpicando de mamporreros toda la
Administración y parte del extranjero) del Banco de España. De presidente de la
Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal, crítico con el gobierno,
pasó a miembro del mismo (y vendeburras compulsivo, parece que nadie puede
resistirse a ese papel) y ahora, como digo, a la institución con sede en la
Plaza de Cibeles.
Y allí despliega consignas, sueldazos y enchufismo de tal manera que los trabajadores del banco central español están asustados.

No hay comentarios:
Publicar un comentario