Cuando uno crece, y se hace adulto, ve las cosas de un modo distinto a como lo hacía cuando era un niño. O, por decirlo de otra manera, las comprende mejor.
Cuando estaba en el colegio, tuve dos
compañeros que habían perdido a alguno de sus padres. Uno de ellos, a su padre;
el otro, a su madre. El primero lo perdió en segundo o tercero de EGB, es
decir, con unos ocho o nueve años; el segundo, que no estuvo en el colegio
desde Primero, llegó (por decirlo de alguna manera) habiendo perdido ya
a su madre, con lo que ésta debió fallecer cuando él era todavía menor que el
otro compañero.
Ahora, superado el medio siglo de vida, y habiendo fallecido mis padres, sólo puedo alcanzar a imaginarme el dolor que debieron sentir aquellos dos niños.

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