Resulta gracioso cómo personas que hasta ayer eran amiguis de toda la vida, amiguis hasta la muerte, marcan distancias unos con otros.
Es el caso del psicópata de la Moncloa con
todos aquellos de sus camaradas que han ido siendo imputados por casos de
corrupción, a los que ahora dice apenas conocer, a pesar de haberles dado
puestos de responsabilidad.
De hecho, circula por internet un meme en el
que se aconseja a la hija del proxeneta que se vaya buscando un buen abogado
matrimonialista (además de uno penal, añado yo), porque si la causa contra ella
avanza es cuestión de tiempo que su marido niegue conocerla y hasta estar
casado con ella.
Y es el caso del filósofo perico, que fue
ministro durante la pandemia de la COVID-19 en el desgobierno socialcomunista
que tenemos la desgracia de padecer, que fue enviado a Cataluña para ser candidato
a la presidencia del consejo de gobierno regional, algo que contra casi todo
pronóstico (al menos, a mí me sorprendió) consiguió.
Pues bien, ahora el susodicho intenta
desmarcarse de la corrupción socialista (económica y sexual) afirmando que los
de la mano y el capullo y su franquicia (o matriz, quién sabe) con barretina
son dos partidos diferentes, y garantizando a los ierreceos que habrá cupo catalán.
Si son dos partidos diferentes, ¿cómo piensa conseguirlo?

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