Lo que más molesta a la izquierda mundial es alguien de derechas que no sólo no se avergüenza de serlo, sino que les dice las del barquero a la cara.
Es el caso de las tres mujeres -algo menos la
de en medio- que han presidido la comunidad autónoma de Madrid: Esperanza
Aguirre, Cristina Cifuentes e Isabel Díaz-Ayuso. Las tres, en sede
parlamentaria y en los medios de comunicación, han dicho alto y claro lo que
piensan de la izquierda (nada bueno).
Las dos primeras, sin embargo, se circunscribían
al ámbito regional o, como mucho, nacional. La última, en cambio, despliega una
mayor actividad internacional. Quizá porque, como dicen las malas lenguas, se
esté trabajando el asalto al liderazgo nacional de su partido. Veremos.
En todo caso, hace un par de semanas
emprendió un viaje a México, donde no tuvo reparos en pisar todos los callos progres
que pudo: defendió que del socialismo se sale, y que no se debe tener complejos ni pedir perdón por expresar una opinión y querer ser libres. Y claro, como a
continuación defendió la obra de España en América, y las figuras de Isabel la
Católica y Hernán Cortés, los progres a uno y otro lado del Atlántico se
pusieron de los nervios.
Empezando por la nada indígena presidente del
país, que reivindicó las atrocidades de Hernán Cortés -por lo visto,
todos los pueblos (ellos sí) indígenas que ayudaron a los castellanos contra
los aztecas lo hicieron porque estaban cansados del benéfico y considerado
gobierno de los chicos de Moctezuma, holocaustos incluidos- y, en la línea de
todos los izquierdistas, demostró su ignorancia de la Historia.
La nuestra y, sobre todo, la de su país.

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