domingo, 20 de septiembre de 2026

Cuidado

En una democracia plena, regirían los postulados de Charles de Secondat: los distintos poderes del Estado estarían separados y se contrapesarían los unos a los otros.

Desgraciadamente, España no es una democracia plena. De hecho, es más bien una partitocracia, en la que los partidos conforman el Gobierno, que a su vez maneja las mayorías parlamentarias, que son quienes eligen a los miembros de los órganos constitucionales.

Es decir, que todo el entramado institucional del país está politizado. Esto, con ser malo, no resultaba fatal hasta la llegada del psicópata de la Moncloa al poder. No es que sus predecesores (de uno y otro partido, pero más los del suyo) no hicieran lo mismo o parecido, pero el yerno de Sabiniano persigue destruir todos los posibles obstáculos a su poder omnímodo.

Por eso, la posibilidad de que un Consejo General del Poder Judicial de mayoría (ligeramente) izquierdista (aunque la presidente ha mostrado una sorprendente independencia de criterio) deba designar en los próximos meses a la mitad de los miembros de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo produce la comprensible alarma.

Y el comprensible regocijo en la pareja del psicópata, el teledirector de orquesta y, en general, el partido de la mano y el capullo.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

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