Diga lo que diga el desgobierno socialcomunista que tenemos la desgracia de padecer, un mes después de producirse la invasión por las hordas marroquíes no se había recuperado la normalidad.
Es más, los del partido de la mano y el
capullo son tan zotes que no paran de proclamar que trabajan para recuperar
la normalidad. Salvo que se trate de una nueva normalidad, como
después de la pandemia de la COVID-19 (esta vez, sin decenas de miles de
muertos, a Dios gracias), no se puede afirmar una cosa y la contraria y
sostener que ambas son ciertas (salvo que seas socialista, en la atinada
definición de don Manuel Fraga Iribarne).
A lo que iba: un informe de la Policía de
Extranjería, elaborado a petición de la Audiencia Nacional, ha puesto de
manifiesto las deficiencias en la gestión de la crisis, haciendo referencia a
la falta de previsión y a los problemas de coordinación durante los momentos
clave del asalto.
Según el análisis, los mandos operativos no
dispusieron de la antelación ni de la planificación necesaria para articular la
contención en la línea divisoria. Todo a ello pese a que los servicios de
inteligencia habían avisado al Gobierno.
Si a eso le unimos la falta de agentes y de medios materiales, con el aumento de la carga de trabajo, no es de extrañar que
la situación sea la que es. Y sólo hay dos posibilidades para calificar la
acción del Gobierno. Una es negligencia criminal.
La otra es alta traición.

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