sábado, 11 de enero de 2020

Así empezamos

Una de las razones históricas del fracaso de la Segunda República (sobre nacer ilegal e ilegítimamente, pero sobre eso no voy a escribir hoy) fue porque se erigió contra media España. Reclamándose democrática, era contraria a la Iglesia, al cristianismo, a la derecha, a los monárquicos y, en la práctica –en aquel entonces, se sabía que las órdenes que seguían los partidos de izquierdas venían de Moscú y las daba un ex seminarista georgiano-, contra todo aquel que se opusiera al poder (al poder de izquierdas).
Los que se proclaman herederos espirituales de aquel dislate parecen decididos a repetir los mismos crímenes que sus predecesores. Ya hace un cuarto de siglo excluían del llamado bloque constitucional a las formaciones políticas que no les bailaban el agua. Ahora, cualquiera que disiente mínimamente de cualquiera de sus afirmaciones es tachado de fascista, ultraderechista, franquista, machista o varias de esas cosas a la vez.
Y si eres un ciudadano de a pie, que va con la bandera de España por la calle Ferraz de Madrid, se detiene frente a su número 70 y gritas ¡Viva España!, lo que ocurre es que la policía te detiene.
¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

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