sábado, 4 de enero de 2020

La mentira tiene las piernas muy cortas

Una de los motivos fundamentales (bueno, supongo que las cinco palabras –sí, las he contado- que abren esta entrada son una mera fórmula retórica, porque, la verdad, nunca me he preocupado de establecer una gradación en las causas que fundamentan mi postura) por los que no comparto los postulados de los alarmistas climáticos (desconozco si el nombre se me ha ocurrido a mí solo o, por el contrario, lo he rescatado de esa acumulación de datos que es mi memoria, pero desde ahora intentaré llamarles así… o, mejor, alarmados climáticos, que aunque no sea semánticamente exacto –para muestra, Albert Gore- sí que estoy bastante seguro de que es absolutamente mío) es por su tendencia a, vamos a llamarlo así, falsear los datos.
Porque, si están en lo cierto, los datos fríos (o calientes, tanto da) deberían ser suficientes para apoyar sus afirmaciones. Pero falsean las estadísticas, falsean las fotos (o, por mejor decir, las presentan para que los incautos piensen en el sentido que ellos desean, y no en el verdadero) y, sobre todo, son demagogos. Como la novillera sueca (porque hace novillos en la escuela, no porque lidie reses en el ruedo), que presenta lo excepcional como si fuera lo habitual, al aparecer en el suelo de un vagón de ferrocarril, rodeada de maletas.
Es decir, implicaba que había tenido que viajar así. Pero la Renfe alemana ha puesto las cosas en su sitio, y en un comunicado hecho público en las redes sociales ha señalado que la niñata había viajado cómodamente en primera clase, y que su demagógica proclama correspondía a un breve lapso en el que, creo, había tenido que ir así durante un transbordo. Enfrentada a la realidad, la progre niña Greta tuvo que reconocer la exactitud del aserto germano, y recular. Quizá todavía haya algo de esperanza para ella…
...aunque, en realidad, yo tampoco creo que la haya.
¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

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