miércoles, 15 de enero de 2020

Si antes lo digo…

Ayer mismo hablaba de que el sentimiento imperante en las relaciones entre los dos partidos que forman el Gobierno de España es la desconfianza mutua. Hoy comento algo que ocurrió hace una semana, pero sólo veinticuatro horas después de la firma del potroloco.
Que Pedro y Pablo no se fían personalmente el uno del otro (lo de que se caigan mal es punto y aparte) es algo palpable. El socialista ha dado sobradas pruebas de que su palabra no vale siquiera lo que la tapa del boli con el que escribe; el comunista, por su parte, nunca ha ocultado que su ambición no es derribar el califato, sino ser califa en lugar del califa. La cohabitación, por tanto, no ha sido querida, sino requerida por las circunstancias: uno quería mantenerse en el poder del Estado, y el otro en el de su partido.
Así las cosas, el que de momento tiene la sartén por el mango es Sin vocales. Por ello, procurará poner coto, todo lo posible y siempre que pueda, tanto al poder del Chepas como a su libertad de actuación. Y eso lo consigue, por un lado, dando a los comunistas ministerios vacíos y, por otro, elevando hasta el paroxismo el número de vicepresidencias: cuatro, finalmente. Tanta superabundancia de iguales no le sienta nada bien a aquel cuya ambición sólo es superada por su soberbia. Ahora bien, que los neocom consideren que la figura de Iglesias no se puede diluir
Aunque, ahora que lo pienso, tienen toda la razón. Al fin y al cabo, la mierda flota.
¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

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