jueves, 9 de enero de 2020

Lo que tocan, lo pudren

A finales del año pasado todavía parecía haber una cierta esperanza de que los tentáculos autocráticos de Sin vocales no se habían extendido por todo el aparato del Estado, de que aún existían reductos de integridad, profesionalidad y ética.
Porque ¿de qué otro modo cabría interpretar el hecho de que la Abogacía del Estado denunciara las presiones del presidente en funciones para que su informe sobre el recluso bleferótpico y con sobrepeso fuera favorable a los intereses de Ferraz?
A continuación, la asociación de Abogasos del Estado publicó un comunicado en el que aseguraba que rechaza cualquier intento de injerencia o presión y especialmente de amenaza con respecto al ejercicio de sus funciones. Lo malo de la redacción de dicho escrito, por lo demás muy breve, era si ese rechazo se refería a que no se habían producido tales presiones o a que, habiendo tenido lugar, los condenaban.
En cualquier caso, dio lo mismo. No sólo porque el informe fue finalmente en la línea que deseaba el Gobierno, sino porque éste se lo había filtrado a los ierreceos antes de publicarlo, y éstos le habrían dado su visto bueno (nunca ha estado tan claro quién tiene agarrado a quién por los dídimos) y garantizarían –todo lo que semejante gentuza puede garantizar algo- su abstención en la votación de investidura.
¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

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