jueves, 30 de enero de 2020

De traca

Lo peor de los progres (probablemente esta entrada la haya repetido muchas veces con un montón de continuaciones distintas, lo cual implica que, al menos desde mi punto de vista, los progres tienen un montón de cosas que me desagradan en grado sumo y todas por igual) es que suelen disfrazar de defensa de unos determinados principios lo que no es más que, lisa y llanamente, una falta de educación flagrante.
Sea el acudir a una audiencia real sin corbata, o en vaqueros, o con los puños de la camisa remangados; o ir por el Congreso de los Diputados con una sahariana, o sentarse en un sillón cruzando una pierna sobre la otra (pero no apoyando la corva, sino la pantorrilla, sobre la rodilla que no se levanta) y enseñando la suela del zapato. En fin, grosería en grado sumo.
Esta es una posible interpretación para que, tras la toma de posesión del nuevo Gobierno, quien haya acudido a un acto sobre la (llamada) violencia de género sea el ministro de Sanidad (socialista), y no la de Igualdad y demás zarandajas (neocom; la calientacamas, para ser precisos), que creo que tenía una entrevista a esa hora, o algo así (en cualquier caso, algo muchísimo más importante –nótese la ironía, por favor- que ir a un acto en contra de aquello contra lo que braman día sí y día también).
La otra posibilidad es que, directamente, quisieran hacerles un feo a los neocom. Que todo es posible…

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

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