domingo, 26 de enero de 2020

¿Cómo coño lo sabe?

En el último cuarto de milenio, las revoluciones contra el poder establecido que han triunfado, siquiera temporalmente, no han estado dirigidas precisamente por destripaterrones: ni la estadounidense, ni la francesa, ni las hispanoamericanas, ni la rusa, ni la hindú, ni la china, ni la cubana. Por no estarlo, no lo estuvo ni siquiera el Mayo del sesenta y ocho francés.
No: en todos los casos, los que dirigían las cosas, los que movían los hilos –y los que, al final, se quedaban con el poder- eran gente instruida, con estudios (sin que esto signifique menosprecio por mi parte a la gente sin educación académica). Personas acomodadas, incluso. Otra cosa es que se aprovecharan de las clases más humildes, avivando su resentimiento y utilizándolas como carne de cañón en su asalto al poder. Que luego esas masas enfebrecidas se revolvieran contra los que creían poder pastorearlas impunemente es otro asunto, asunto que se ha repetido con harta frecuencia, en la Historia… y en este blog.
Por eso, cuando uno se pregunta de dónde iban a sacar los neocom a las personas con quienes cubrir los puestos de mando cuando rascaran poder, la respuesta no se encontraba precisamente en los ambientes lumpen (por emplear la misma jerga que el Chepas), sino en otras vecindades más acomodadas. O, por ceñirme a un caso concreto: cuando en Facebook alguien preguntó de dónde había salido la nueva y flamante directora del Instituto de la Mujer y para la Igualdad de Oportunidades, la respuesta me vino rápidamente a la mente. De Chueca, escribí.
Para los que no lo conozcan, Chueca es el barrio homosexual por excelencia de Madrid. Pero es un vecindario (teóricamente) guay (o cool, que dirían los angloparlantes). Es decir, para nada sería un equivalente de Montera o el Polígono Marconi en relación con la prostitución. Tanto es así que la tal Beatriz Gimeno (hasta ahora desconocida para mí, a diferencia de su ex compañera, que había aparecido desde tiempo inmemorial casi cada vez que había una cámara delante) posee cuatro viviendas, cobra un sueldo parejo al del Presidente del Gobierno, presume de comer en restaurantes caros y, como una esnob de la peor calaña, cree que el agua del grifo es gratis.
En la noticia a la que lleva este enlace se recogen una serie de declaraciones de la interfecta, ninguna de las cuales tiene ni pizca de desperdicio. Entendámonos, son declaraciones nauseabundas, pero permiten hacerse una idea bastante cabal de la podredumbre ideológica y moral que supone semejante personaje. Sólo voy a entrar en una cosa:
Olvidar que en la mayor parte de los periodos históricos las mujeres, si hubieran podido elegir, hubieran escogido no mantener relaciones sexuales con los hombres, no vivir con ellos, no relacionarse con ellos, es olvidar algo fundamental en la historia de las mujeres (y de los hombres).
¿Es que acaso ha hablado con todas y cada una de las mujeres que en la Historia han sido? ¿Tiene acaso acceso a fuentes historiográficas desconocidas por el común de los mortales? ¿O quizá le ha sido revelado mientras retozaba con chicas menores de edad? Algo esto último que, cuando es realizado por personas a las que la izmierda ha puesto en su punto de mira, es denostado sin piedad.
Como debe ser… pero en todos los casos, incluso si la implicada es una activista lesbiana del barrio de Chueca.
¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

No hay comentarios: