Si algo caracteriza a los marxistas es que son dogmáticos a más no poder. Ellos, que venían a derribar la religión, el opio del pueblo, son al menos tan intransigentes en sus posturas y postulados como los más rígidos de los fundamentalistas más intolerantes.
Si a eso le unimos una ignorancia galopante y
una soberbia incontenible, el resultado es que no se bajará del burro por muchas
coces que reciba o por muchos zurriagazos que se le metan. Es posible que sea
por esto por lo que la titular de la cartera de sanidad descarta reiniciar la negociación del estatuto marco de la profesión médica, rechazado por todo el
mundo entre los Pirineos y Tarifa salvo por ella.
O quizá, simplemente, es que es mema.

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