Cuando saltó la noticia, el hecho que vaticinaba todavía no se había producido.
Y la noticia era que Golpe Pumpido,
decidido a solucionar el problema de Cataluña, estaba decidido a -convirtiendo
el Tribunal que preside en una especie de supremo del Supremo- certificar la amnistía total de Cocomocho, nueve años después del golpe de Estado
perpetrado por los partidos secesionistas catalanes.
Y lo hizo, aunque en el momento de escribir estas líneas, dos semanas antes de su publicación, el delincuente del flequillo inefable todavía no había vuelto a cruzar los Pirineos en dirección Sur. A lo mejor porque sabe que ya no es más que una figura folclórica, y que los monstruos que él contribuyó a crear le han sobrepasado.

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