Como buenos supremacistas raciales, los separatistas catalanes -y los vascos, pero a esos es más difícil entenderles cuando hablan cualquiera de los dialectos regionales, o incluso el idioma de laboratorio- basan parte de su pretendida identidad en la lengua, ese dialecto del occitano que se hablaba en Barcelona.
Pero hasta el más cerril de los paletos con
barretina tiene que rendirse a las evidencias. Y así, el ayuntamiento de
Palafrugell, en la provincia de Gerona, ha tenido que renunciar a exigir el nivelC1 de catalán a los socorristas, ante la imposibilidad de las empresas que
optaban a al contrato de garantizar profesionales del socorrismo con ese perfil
lingüístico.
Y es que se ve que a la hora de ahogarse no hay acentos que valgan.

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