El psicópata de la Moncloa, en la mejor (peor) tradición del partido de la mano y el capullo, se ha dedicado en los ocho años que lleva detentando el poder a ocupar todos y cada uno de los resortes de poder, para mantener a Montesquieu en la fosa en la que le sepultaron sus predecesores hace cuatro décadas.
Sin embargo, a veces te llevas sorpresas. Quizá
hay todavía gente íntegra, o quizá el olor a podrido de la corte monclovita comienza
a alcanzar tales niveles de hediondez que hay quienes se apresuran a abandonar
el barco en un intento de salvar sus muebles (probablemente, las sillas).
Y así, resulta que el Tribunal de Cuentas,
cuyo Pleno actual salió del pacto entre Sánchez y Casado, ha cazado al
desgobierno socialcomunista que tenemos la desgracia de padecer desviando fondos
europeos -esos que se suponían destinados a transformar la economía y ayudarnos
a salir de la crisis- para pagar las pensiones.
Esas pensiones cuyo sistema iban a mantener los invasores nacionalizados por el artículo treinta y tres.

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