En los tebeos de superhéroes fue muy frecuente, en una cierta etapa, la figura del sidekick, del acompañante. Este acompañante era generalmente un adolescente que acompañaba al héroe adulto, con un origen bastante semejante.
Algo así ocurre con esta cuarta novela de la
saga de Tarzán. No descubro nada si digo que el personaje es el hijo de Tarzán
y Jane, que ya había nacido en la tercera novela… y no, no se llama Boy, como
en las películas.
Eso sí, Burroughs repite, casi
milimétricamente, el esquema de la primera novela, salvo por el hecho de que
Korak -tal es el nombre que adopta el protagonista- ha nacido en la civilización
y sabe quién es: vida en la jungla, amistad con un gran simio, desarrollo
físico impresionante, gentil damisela en apuros que se enamora del protagonista
(pero que adquiere habilidades propias), aristócrata inglés enamorado de la
citada dama que empieza pusilánime y acaba redimiéndose… Lo que sí hay es una
sucesión de malvados humanos, casi todos los cuales perecen violentamente y sin
redención.
Para terminar, un detalle es que los
capítulos no tienen título, sólo número.

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